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Record 1 of 1 for the search Institución Biblioteca Nacional de Cuba And tipo de materia FILOSOFIA Y CIENCIA - CUBA FILOSOFIA CUBANA 

Obras : vol. III

Varela y Morales, Félix

  • URL digital object http://bdigital.bnjm.cu/secciones/literatura/autores/44/obras/FV3.pdf
  • Type Libro
  • Subject FILOSOFIA Y CIENCIA - CUBA FILOSOFIA CUBANA
  • Description
    Compilación y notas Eduardo Torres Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes García Rodríguez Los años que transcurren en la década del ochocientos treinta fueron de un enfrentamiento sutil, pero violento, entre Varela y sus discípulos más cercanos y auténticos José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Francisco Ruiz, José del Castillo, Santos Suárez, entre otros y el amplio y poderoso bloque conformado por la oligarquía criolla aglut...
    Compilación y notas Eduardo Torres Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta y Mercedes García Rodríguez Los años que transcurren en la década del ochocientos treinta fueron de un enfrentamiento sutil, pero violento, entre Varela y sus discípulos más cercanos y auténticos José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero, Francisco Ruiz, José del Castillo, Santos Suárez, entre otros y el amplio y poderoso bloque conformado por la oligarquía criolla aglutinada alrededor del Superintendente de Hacienda, el cubano Claudio Martínez de Pinillos, Conde de Villanueva y cuyos ideólogos más notables y enemigos jurados de Varela, eran antiguos compañeros de religión y del seminario y exdiscípulos suyos. Basten aquí los nombres de Juan Bernardo O’Gavan, Justo Vélez y Manuel González del Valle. Sobre las Cartas a Elpidio cayó un silencio culpable. Apenas circuló en Cuba su edición original y única de 1835, tomo I, y 1838, tomo II. El tercero, ante el evidente fracaso, Varela nunca lo publicó. Nunca más fue reproducida hasta que, más de un siglo después, en 1944, la Biblioteca de Autores Cubanos de la Universidad de La Habana, utilizando los dos tomos que po seía Federico Córdova y Quesada, la reeditó Es interesante la historia de ciertas obras cubanas y su destino. Las Cartas a Elpidio no las conocieron generaciones de cubanos. Sí la conoció la generación que se iniciaba en la vida política y social en la década del cuarenta de nuestro siglo y que haría triunfar la revolución en la década del cincuenta. Es curioso. Todo aquello por lo que la obra fracasó cuando se editó en 1835 le da una presencia en el presente. Solo, quizás, algunos aspectos de su lenguaje han envejecido. La edición que actualmente hacemos de Cartas a Elpidio cumple, como si el tiempo no hubiera pasado, con esas palabras de Varela a Elpidio, es decir, a la juventud cubana: “Sabes también que la juventud a quien consagré en otro tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria, dícenme que la naciente no oye con indiferencia mi nombre.”La lucha tuvo características peculiares. Por una parte, el grupo vareliano intentaba subvertir el orden social a través de un trabajo ideológico que por un lado, creara la necesaria conciencia patriótica lo que significaba crear la autoconciencia de lo cubano y, por otro, atacara las bases mismas del sistema ecosocial del país, es decir, la trata y la esclavitud promoviendo un recambio en las formas productivas; por otra, intentaba crear, asumiendo lo universal, una “sophia cubana que fuera tan sophia como lo fue la griega para los griegos”. Lo que define la táctica de Varela y de sus compañeros de ideas en estos años es el conjunto de circunstancias que predominan en esa etapa histórica. En este contexto histórico de los años ochocientos treinta, y sin poder separarlas de él, con objetivos políticos muy precisos véase la carta de Varela a José del Castillo de abril de 1834—, se inscribe Cartas a Elpidio. Es una obra sin pactos políticos con la elite dominante y basada en intereses que no son ajenos a los patrióticos. Por ello escribe en el Prólogo: “Mi objeto, sólo ha sido, como anuncia el título, considerar la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con el bienestar de los hombres, reservándome para otro tiempo presentar un tratado polémico sobre esta importante materia. No creo haber ofendido a ninguna persona determinada, pero no ha sido posible prescindir de dar algunos palos a ciertas clases. Quisiera que hubieran sido más flojos; pero estoy hecho a dar de recio, y se me va la mano.” El título de la obra ha sido objeto de amplias discusiones y, sin embargo, en ella y en otros escritos varelianos, está definido su origen y el sentido del nombre. Varela tuvo dos grandes preocupaciones y, según anotó, por y para ellas escribió. Una era el destino de su patria, Cuba, a la que según él, estaban dedicados todos sus trabajos. El otro era la formación de la juventud, en la cual estaba la esperanza de Cuba. Elpidio, etimológicamente, significa espe - ranza. Y Varela declara que la obra está destinada a la juventud cubana que es la esperanza de Cuba. Y no estaba errado. ¿Quién mejor que él conocía que en la formación de los jóvenes, no en la educación formal que en el caso de los nacidos en buena cuna era delicada y fina, sino en la educación dentro de los principios éticos que sostiene no solo la forma en que actúan los hombres sino las causas que motivan tales actuaciones, estaba la creación de la futura patria cubana? Conocía Varela del acomodamiento de muchos de sus exalumnos, de como muchos de los exaltados jóvenes del veinte eran, ahora, hombres maduros que sonreían ante el recuerdo de sus pasadas “travesuras revolucionarias“, ante una aromática taza de buen café criollo, cómodamente sentados en las salas de sus suntuosas casas, mientras dilucidan serios, “verdaderos problemas“, comerciales que enriquecían sus arcas. Y no ignora - ba que en muchos de ellos estaba sembrada una semilla anexionista. En el solitario combate, sólo a la juventud podía escribirle sus Cartas a Elpidio. Sobre las Cartas a Elpidio cayó un silencio culpable. Apenas circuló en Cuba su edición original y única de 1835, tomo I, y 1838, tomo II. El tercero, ante el evidente fracaso, Varela nunca lo publicó. Nunca más fue reproduci -da hasta que, más de un siglo después, en 1944, la Biblioteca de Autores Cubanos de la Universidad de La Habana, utilizando los dos tomos que po -seía Federico Córdova y Quesada, la reeditó. Es interesante la historia de ciertas obras cubanas y su destino. Las Cartas a Elpidio no las conocieron generaciones de cubanos. Sí la conoció la generación que se iniciaba en la vida política y social en la década del cuaren -ta de nuestro siglo y que haría triunfar la revolución en la década del cincuenta. Es curioso. Todo aquello por lo que la obra fracasó cuando se editó en 1835 le da una presencia en el presente. Solo, quizás, algunos aspectos de su lengua -je han envejecido. La edición que actualmente hacemos de Cartas a Elpidio cumple, como si el tiempo no hubiera pasado, con esas palabras de Varela a Elpidio, es decir, a la juventud cubana: “Sabes también que la juventud a quien consagré en otro tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria, dícenme que la naciente no oye con indiferencia mi nombre.” Eduardo Torres Cuevas
    Varela y Morales, Félix (La Habana, 20.11.1787 - San Agustín, Florida, Estados Unidos, 25.2.1853). En 1811 se ordenó de sacerdote y desde este propio año fue profesor del Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde continuó la obra de su predecesor José Agustín Caballero contra el escolasticismo. Extraordinario orador, profesor; socio de número y luego de Mérito de la Real Sociedad Económica, colaboró en importantes publicaci...
    Varela y Morales, Félix (La Habana, 20.11.1787 - San Agustín, Florida, Estados Unidos, 25.2.1853). En 1811 se ordenó de sacerdote y desde este propio año fue profesor del Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde continuó la obra de su predecesor José Agustín Caballero contra el escolasticismo. Extraordinario orador, profesor; socio de número y luego de Mérito de la Real Sociedad Económica, colaboró en importantes publicaciones de la época. Fue Diputado a las Cortes en 1822 y en contradicciones contra el poder absolutista de Fernando VII debió exiliarse en Estados Unidos, donde vivió el resto de su vida a partir de 1823. Precursor, fundador, fue, a juicio de José de la Luz y Caballero “el primero que nos enseñó a pensar”.
  • Identifier 44_0007